Al revisar algunos hitos de la historia cultural de Chile, surgen ciertos temas no menores que al día de hoy se sitúan dentro de lo cotidiano, pero que han sido parte de procesos socioculturales largos y no menos complejos. Uno de esos es la masificación de las artes y la cultura.
Sarah Bernhardt (1844-1923), afamada actriz francesa de fines del siglo XIX y comienzos del XX, visitó nuestro país en 1886, provocando gran impacto en la ciudad de Santiago. Las fuentes señalan que al menos dos mil personas se aglomeraron en la Estación Central de Santiago para recibir a la diva. Además, las cualidades actorales de la francesa generaron diversas reacciones en la intelectualidad nacional, especialmente en personalidades como Miguel Luis Amunátegui, Diego Barros Arana y José Victorino Lastarria.
Jorge Negrete (1911-1953), conocido y famoso cantante y actor mexicano de la primera mitad del siglo XX, en el marco de una gira por Sudamérica, visita nuestro país en 1946, generando gran conmoción en los habitantes de Santiago, muchos de los cuales salen a las calles para dar la bienvenida al gran charro mexicano. La prensa de la época da cuenta del fenómeno, con extensas entrevistas y crónicas dedicadas a difundir tal acontecimiento.
Gabriela Mistral (1889-1957), visita nuestro país -por última vez- en 1954. A su llegada son muchas las personas que salen a recibirla y observarla. Era una suerte de heroína nacional que regresaba a su tierra natal. Los días posteriores no fueron menos seguidos por la prensa nacional ni menos concurridos por una población chilena ávida de ver en carne y hueso a su gran embajadora.
Ahora bien, los lectores se preguntarán cuál es la relación que pretendo establecer entre estos tres personajes. Pues bien, todos ellos estaban vinculados a las artes y la cultura, además, generaron gran impacto con sus visitas a nuestro país, realizadas en momentos culmines de su vida artística. Esto forma parte inequívoca de un proceso de masificación de la cultura, una bajada al pueblo del otrora distante artista e intelectual de fama mundial. Quizás al día de hoy, la llegada de famosos y famosas no genere demasiado impacto, salvo los grupos de fans que reciben y despiden en el aeropuerto a sus ídolos y las posteriores ventas de taquilla en los conciertos o presentaciones. Pero si nos situamos en perspectiva, desde fines del siglo XIX se viene configurando la imagen del artista popular, aquel que moviliza masas de personas transformadas en fieles seguidores y fanáticos de las obras, incluyendo la imagen que de éstos se difunde a través de formatos diversos como el cine, el libro, la radio y televisión.

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